Martes 26.03.2019 | 14:12 hs


12-03-2019 / Patrimonios escondidos

Una granja particular en un paraje con historia

El descanso al aire libre y la riqueza del pasado se concilian en un mismo lugar, donde se puede disfrutar una auténtica jornada “de campo”. El predio que hace más de cien años estuviera a cargo de Alejo Peyret, devino en la Granja La Administración, un remanso en el departamento Colón para turistas y vecinos que buscan un espacio verde para disfrutar en familia.

Valeria Robín
redaccion-er@miradorprovincial.com

Las huellas de la colonización, entendida como una política demográfica tendiente a ocupar el territorio, dejaron marcas inequívocas en toda la provincia. Esas marcas naturalmente encuentran su mayor riqueza en las manifestaciones culturales de las distintas corrientes migratorias.

De hecho, en todos los pueblos medios de transporte y elementos de trabajo de los más variados se encuentran a veces en museos, otras veces en espacios públicos, y también en propiedades privadas, por ejemplo, estancias o residencias de colonos que han sido heredadas. El departamento Colón no es la excepción. Mucho de ese patrimonio luce espléndido en el Museo de la Colonización, en el Molino Forclaz, y en viejos almacenes de ramos generales como Don Leandro, de Colonia Hocker. En otros casos, los objetos de riqueza de valor patrimonial están como enmascarados, escondidos, y es una tarea valiosa ordenarlos y presentarlos de un modo que pueda ser disfrutado por los visitantes.

Es lo que ocurre en la Granja La Administración o como la conocen los viejos lugareños “La casa de Alejo Peyret”.

Llegar hasta ella ya es toda una aventura porque está en medio de lo que pudo haber sido un monte. Gracias a que la trama vial se va extendiendo los vehículos pueden entrar aunque aún hoy el camino es natural.

La Granja La Administración está ubicada a 500 metros del Molino Forclaz, entre Colón y San José. De hecho, visitarlos suele ser parte de una misma propuesta. La particularidad de la granja es que la mayor parte de los animales están sueltos e interactúan con las familias como si habitaran el patio de la casa de cada uno.

Para recorrer la hectárea de superficie, la entrada es gratuita. La fauna que compone la granja está integrada por ejemplares de pavos reales, patos, guacamayos, faisanes, conejos, carpinchos, ovejas, chivos, terneros, llamas, vacas y ciervos, entre otros.

Casualidades

La propiedad pertenece a una familia de apellido Perroni. Uno de ellos, Pablo, en diálogo con Mirador Entre Ríos, contó detalles de cómo fueron interviniendo el lugar para transformarlo en lo que es. “Al terreno lo compró mi abuelo hace 56 años, como inversión. Él falleció hace 20 años. Y desde ese entonces pasó a ser de mi padre y su hermano. Ellos nos lo heredaron”.

Pablo enumera acontecimientos que parece tener muy frescos en la memoria. En su relato da la impresión que el propio predio fue buscando su lugar en el mundo. “Con mi señora teníamos un pequeño tambo, que estuvimos por cerrar en 2010. Ese mismo año compramos una quesería, que estaba abandonada y en el 2012 empezamos a hacer queso. Primero vendíamos en el pueblo y después a partir de una inundación que hubo en Colón, la gente empezó a venir a comprar a la granja y como veía que teníamos un par de pavos reales se entró a correr la voz. La gente empezó a venir cada vez más y la verdad a nosotros no rendía más económicamente porque en vez de llevar la mercadería al pueblo la vendíamos acá. Así, de a poquito, fuimos armando la granja”.

La finca tiene un atractivo especial. A un costado, sin que llame demasiado la atención, se erige lo que fuera la casa de Alejo Peyret, un lugarteniente que fue designado por Urquiza para ser el administrador de lo que fuera la Colonia San José. “Peyret se convirtió en jefe comunal, jefe de registro y comisario a la vez, por eso mismo se le llamaba administración, porque acá se cobraban los impuestos y funcionaba el registro civil. La casa estaba abandonada, hasta que la pusimos en valor en el 2014, cuando hicimos allí un pequeño museo con objetos que fuimos encontrando en el predio, como medallas, monedas de 1843, balas de cañón, revolver, y botones de sacos de la época. En un primer momento tuvimos una exposición más amplia, pero nos han robado, entonces tomamos la determinación de archivar algunos objetos” relata Pablo, quien comparte que “la idea a futuro es hacer algo más interactivo, con videos, o alguna actividad donde la gente pueda participar. Cuando termine la temporada, en marzo, seguramente nos focalicemos en darle al museo el destino que merece, porque es una casa de mucho valor histórico, tiene más de 160 años”.

Vinculos

“La granja surgió a medida que fuimos trayendo animales. Para asesorarnos, le pedimos ayuda a una fundación de Colón que se llama Tekove Mymba, un Centro de Rescate y manejo de flora y fauna. Ellos nos orientan sobre qué animales podemos tener, y cuáles no, lo que depende muchas veces de la habilitación. Ante cualquier animal que tenemos que incorporar a la granja, lo primero que hacemos es comunicarnos con ellos. Es una fundación nueva que está trabajando muy bien” destaca Pablo, mientras comparte con orgullo la llegada de nuevos ejemplares. “El otro día vino una señora a traer una lora, que era mascota de su marido y el hombre falleció. La trajo porque sabía que acá los animales están sueltos y viven en su hábitat natural”.

Además, contó que días atrás “recibimos una llama de Jujuy que vino con sus papeles de Senasa y todo lo correspondiente. Así es el sistema en la granja, está en permanente construcción”.

Consigna: disfrutar

“Acá no se cobra la entrada. Cubrimos los gastos con el servicio de buffet” comenta Pablo mientras reconoce que pueden seguir trabajando en La Administración gracias la cantidad de gente que los visita durante el año. Nosotros le decimos a quienes nos visitan que disfruten libremente. Lo único que les indicamos es que no molesten a los animales. A veces hay 100 personas reunidas y ellos participan de la reunión. Por ejemplo, si uno se sienta a comer una picada, seguro que los pavos reales van a ubicarse al lado, muy cerca de la gente, y quienes no están acostumbrados a ver ese tipo de animales no lo puede creer, se sorprenden, y muchas veces quieren tocarlos o ahuyentarlos. De todas formas, la mayoría de los visitantes respeta las reglas de convivencia, porque advierte y valora que nuestro trabajo está hecho a pulmón, como se dice. Es un sacrificio que tiene recompensa. En el ingreso al predio, por ejemplo, vive una yunta de guacamayos que han elegido quedarse allí”.

De pronto, la escena de dos tucanes desvió la atención. A pesar de sus dimensiones relativamente pequeñas, sobresalen de la imagen panorámica de la granja. A lo lejos se ven sus picos color naranja, que tienen la misma longitud que el resto de su cuerpo. Brincan de rama en rama, buscando alguna semilla que acaso haya quedado extraviada entre los recovecos del árbol donde están. Luego de varios intentos, uno detecta algo que es imperceptible a la vista de cualquier observador, pero delicioso y apreciable para ellos. Con una seguidilla de ligeros movimientos de la cabeza, deshace aquello que ha encontrado atractivo. Su compañero, en cambio, aún se encuentra en la búsqueda, lo que rápidamente se convierte en un juego.

Los chicos que pasean alrededor frenan para observar su comportamiento, y ellos repiten los pasos una y otra vez.

Pablo, que ya está familiarizado con los rituales de las aves, retoma. “Los chicos visitan los terneros, le dan de comer de la mano” detalla, mientras se ríe al recordar “las caras que hacen los turistas al ser sorprendidos por un ternerito que les quita la comida de las manos. Lo principal es que somos los dueños los que atendemos a los visitantes. Nos hicimos amigos de mucha gente porque vuelven, muchos por comentarios y recomendación, eso es lo que nos alienta, más allá de lo económico. La familia puede ver cómo se ordeña la vaca, y cómo se elabora el queso. Las escuelas también nos visitan, desde agosto a diciembre hacemos excursiones estudiantiles donde se les cuenta la historia, se les muestra la casa y los animales”.

Codo a codo

“Con mi primo somos como hermanos. Somos una familia unida y aunque tenemos diferencias como pasa en cualquier hogar tenemos la misma línea de pensamiento, por eso podemos ir hacia delante. Nuestros abuelos, ya fallecidos, deben estar orgullosos de que haya tenido este fin el terreno, porque ellos lo que menos querían era tener que vender la tierra”.

Pablo continúa: “nos levantamos temprano porque a las 9 de la mañana abrimos, y tenemos desayuno para la gente que viene. Atendemos de corrido hasta las 21. Hay días en que recibimos más de mil personas, sobre todo cuando el tiempo está nublado y los turistas no van a la playa”, comenta, para luego indicar que “nos repartimos las tareas. Mi primo hace de mozo, yo atiendo al público, mi señora y la mujer de mi primo hacen las hamburguesas, vendemos alimento para los animales. Es un emprendimiento familiar, por eso tenemos precios accesibles. Los productos que no fabricamos nosotros, son conseguidos en la zona, como el pan casero, y los dulces”.

Como se ve, la granja La Administración amalgama un clima familiar, respeto por la naturaleza y la conservación de su patrimonio histórico, especial para que grandes y chicos pasen un día de campo con un ingrediente especial: la entrada no tiene costo alguno.

Para tener en cuenta

La cultura digital ha incorporado la costumbre de que los usuarios de un determinado servicio turístico dejen sus impresiones en las redes sociales y que los interesados en conocer el lugar las consulten. En ese sentido, compartimos algunos que consideramos representativos.

- “Muy lindo lugar. Los chicos y también los grandes pueden disfrutar de los animales de granja en libertad. Muy buenas picadas, y meriendas de campo. La atención muy buena y por demás amables. Yo personalmente tuve un contratiempo con el auto y dejaron todo para ir a auxiliarme” (Rubén).

-“Es un lugar increíble para toda la familia. Pero sobre todo para los más pequeños y para su contacto con la fauna. Animales súper dóciles. Y el personal súper atentos. ¡Volveremos!” (Luna).

- “Es una hermosa granja. La entrada es gratuita. Hay una gran variedad de productos artesanales a un precio muy accesible, un lugar donde poder desayunar, almorzar o merendar, con pan de campo, productos regionales y cerveza tirada. Además se puede apreciar una amplia gama de especies animales, destacando especialmente la belleza de sus pavos reales”. (Diego)


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