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11-09-2018 / Lucas Raspall

“Para el desarrollo del cerebro, el afecto es tan importante como la alimentación”

El médico psiquiatra y psicoterapeuta presentó su último libro “Neurociencias para Educadores”. El especialista remarca el rol protagónico de la contención afectiva para el desarrollo del ser humano. Una charla con Mirador Provincial.



Ignacio Negri
redaccion@miradorprovincial.com


El estudio del cerebro se puso de moda, así como se van diferenciando las distintas corrientes que se encargan de estudiar el desarrollo de este órgano tan importante como enigmático. Están los que eligen estudiar el cerebro de manera independiente y están aquellos que lo relacionan con el contexto en el cual se desarrollan.

El médico psiquiatra Lucas Raspall se encuentra en esta última vereda y plasma esa visión sobre el estudio del cerebro en sus dos libros “Neurociencias para Educadores” y “Un Juguete llamado mente”.

— ¿Es un juguete la mente?
— Es un juguete que conocemos poquito, viste que cuando le presentás un juguete a un chico, por lo general, le vas dando las pistas de cómo se usa. Entonces el nene termina jugando con ese dispositivo tal cual como vos se lo señalaste. A partir de ahí juega con ese juguete siempre de esa manera. A quien no le explicás cómo funciona el juguete, innova, lo usa de distintas maneras. La invitación de este libro justamente es darle una vuelta de rosca a la mente y de alguna forma develar el misterio que tiene ese manual de instrucciones secreto y que empiece a funcionar distinto.

— ¿Hay realmente un manual para usar la mente?
— No, no lo hay, es un juego de palabras. Lo que sí es cierto es que cada vez hay más pistas de cómo funciona la mente. Si bien hay 25 años firmes de recorrido de las neurociencias, estamos muy lejos de conocer los secretos. Si tenemos los títulos gruesos del manual, el resto es una indagación que tiene que ir haciendo cada uno.

— ¿Por dónde van esos títulos gruesos?
— Están muy relacionados a las vías emocionales que son las que más nos hacen sufrir. Nosotros en consultorios siempre recibimos personas que siempre están afectadas por lo que les pasa emocionalmente, nadie consulta por cosas que no los movilizan. Cuando cualquiera de nosotros se ve desbordado emocionalmente, empieza a tener un nivel de malestar que influye mucho en su vida. Si nosotros vamos conociendo en nuestro cerebro los resortes y los botones para gestionar mejor lo que nos pasa, vamos a tener mejor calidad de vida.

— Hay muchos colegas tuyos que estudian la evolución del cerebro de una manera independiente, separándolo del contexto. ¿Qué opinás sobre esta corriente?
— Hay mucha discusión en esto, yo creo que el tema está cerrado. El cerebro es un órgano en interacción. Nace en interacción, se desarrolla en interacción y todo su potencial de crecimiento como todos los obstáculos que tiene, los tiene en interacción. El cerebro es historia y son las experiencias que vos tenés, es tu entorno, son tus relaciones sociales, es tu mamá, tu papá, eso es cerebro. Pensar que existe un cerebro como órgano independiente de tu historia y tus relaciones es una locura.

— ¿Los sentimientos y los afectos están en el cerebro?
— Están escribiendo las primeras líneas desde el día cero, desde antes. Los afectos son el eje sobre el cual nosotros construimos las relaciones vinculares y son, en términos que los voy planteando en el libro, las primeras palabras, incluso cuando no hay palabras, de ese cuento que vamos escribiendo desde chicos.

— ¿Qué papel juega el inconsciente?, porque tal vez hay cosas de ese cuento que vos si sabés, o ni te enteraste que te pasaron, pero están ahí.
— Muchísimo, el inconsciente es un territorio bastante difícil de definir. Tiene que ver con el procesamiento que hace el cerebro que no es advertido conscientemente. La gran mayoría de las experiencias tempranas que vivimos no las conocemos, quien te dice que tiene un recuerdo de cuando tenía 2 años, no lo puede tener. Eso se llama falso recuerdo.

— Se habla mucho de que los chicos tienen que estar bien alimentados para que sean inteligentes y puedan desarrollar una vida normal y con capacidades, pero vos en tu libro planteas que tan importante como el alimento es el afecto que tienen que recibir. ¿Por qué? ¿Qué rol juega el afecto?
— Nosotros desde siempre creemos que las necesidades primarias son la alimentación, el abrigo, ciertos cuidados médicos. De esa manera, uno podría asegurar a los bebes en ciertos dispositivos donde estén aseguradas esas necesidades. Está demostrado, no es una locura mía, que esos chicos tienen un potencial de crecimiento mucho menor, que aquel que tiene esas necesidades satisfechas, y además recibe afecto en la manera que ese chico necesita. Para el desarrollo del cerebro, el afecto es tan importante como la alimentación. Cuando esta base se inscribe y el chico puede crecer en esa matriz que lo contiene, el desarrollo del chico es muchísimo más grande. Hoy, el dispositivo familiar no está garantizado y ese chico que crece en ese entorno, no tiene las mismas oportunidades que vos para el resto de su vida. A los 6 meses tiene las posibilidades muy disminuidas y si no recibió afecto arrancó la carrera allá atrás. Hasta los 2 o 3 años, ese proceso de primera infancia que implica el cierre de una etapa neuronal que se llama la primera “poda neuronal”, hace que el cerebro tenga su primer recorte grueso de lo que van a ser las vías que conectan distintas áreas del cerebro.

— ¿Un ejemplo?
— Vos podés tener un futbolista con grandes condiciones técnicas. Si querés, podés hablar de la Selección, si las condiciones que lo engloban a Messi no son las ideales, no se va a desarrollar en su potencial como sí le pasa en Barcelona. Messi, en el contexto de la Selección argentina, no tuvo, ni tiene, ni tendrá el desarrollo que tuvo en el Barsa. Si esta analogía precaria la trasladamos al funcionamiento del cerebro, cuando está dando sus primeros y más importantes pasos, si no estás bien rodeado, las condiciones en las que ese cerebro se va a desarrollar, no son las óptimas. Cuesta mucho más arreglar un cerebro roto que acompañar a que se desarrolle de una manera sana.

En la práctica
— El problema es que el afecto no es una política de Estado y tampoco algo que se tenga que recibir en los colegios. ¿Cómo se logra instalar esto para que esté a la par de las otras necesidades?

— A mí me gustaría que haya una concientización clara para que los padres y madres empiecen a tener nociones claras de temas relacionados a la educación, porque incluso con amor, no es suficiente, porque es mucho más que hacerlo con amor. Los padres nos dedicamos con amor a nuestros hijos, pero incluso con amor no hacemos las cosas de la mejor manera, entonces entran en juego términos como la sensibilidad, el saber conectarse con esas señales que el chico está dando, saber interpretarlas de la manera adecuada, saber tener la disponibilidad suficiente para que me encuentre cuando él necesita, porque lo que necesita es inmenso en su vida, por más que mi lectura sea “son las cosas que le pasan a los pibes”, pero para él es gigante. La familia debe aprender este tipo de conceptos para aprender más sobre la gran intención de darle lo mejor a los chicos.

— ¿Cuáles son los desafíos para los educadores?
— Es muy difícil para los docentes, suelen ser muy criticados, menospreciados, y en realidad están muy involucrados y quieren participar. Ahí nuevamente tiene que estar el Estado, ya que si el Estado no está asistiendo a los educadores, entonces para qué sirve el Estado. Más allá de la crítica, creo que el camino empieza por uno, entender que los chicos tienen sus tiempos, sus formas. Recuperar el hecho de ir a su ritmo.

El avance de la tecnología

— ¿Cómo lográs captar la atención de un chico que hoy está híper estimulado con las plataformas audiovisuales?

— La tecnología debe ser regulada. Todas las asociaciones de pediatría sugieren que el uso de dispositivos electrónicos, tablets, celulares, no lo deben tener antes de los dos años. Si nosotros creemos que con el uso de la tecnología le estamos dando un recurso para que sean más inteligentes, nos estamos olvidando otra vez de lo más importante. Esos dispositivos tienen una cantidad de estímulos que no se reproducen en la vida cotidiana, es como si vos vivieras en Las Vegas y de repente salís de ahí y vas al mundo, y es mucho más calmo, no hay tanto ruido, tanto vértigo. ¿Cómo hacés con ese pibe que está todo el día con la tablet y está acostumbrado a vivir en Las Vegas? Yo les quiero decir a los padres que se sienten al lado de sus hijos, yo no soy ejemplo de nada, pero cuando te sentás al lado del chico y dejás que se aburra, se va a enganchar mucho más con vos disfrazándose de algún superhéroe que si tiene el teléfono. Va a dejar el teléfono cuando vos estés al lado jugando, te lo aseguro.

“El inconsciente es un territorio bastante difícil de definir. Tiene que ver con el procesamiento que hace el cerebro que no es advertido conscientemente. La gran mayoría de las experiencias tempranas que vivimos no las conocemos, quien te dice que tiene un recuerdo de cuando tenía 2 años, no lo puede tener. Eso se llama falso recuerdo”.

“La tecnología debe ser regulada. Todas las asociaciones de pediatría sugieren que el uso de dispositivos electrónicos, tablets, celulares, no lo deben tener antes de los dos años. Si nosotros creemos que con el uso de la tecnología le estamos dando un recurso para que sean más inteligentes, nos estamos olvidando otra vez de lo más importante”.




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